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June 10, 2016

Ni autoritarismo, ni populismo (parte 1)

En pocas palabras, en el proceso de elecciones la mayoría de los candidatos buscan el voto y una 
vez ganado, le dan la espalda a los ciudadanos.

La mayoría de las encuestas y los pronósticos fallaron en las elecciones más recientes donde se disputaron 1,819 cargos de elección popular incluyendo 12 elecciones de gobernadores (el padrón de los estados con elecciones asciende a más de 37 millones de personas). Contra toda expectativa, el PAN ganó siete de 12 gubernaturas, dejando únicamente cinco al PRI, que estimaba ganar entre nueve y 11.

México sigue siendo una democracia muy frágil. Durante todo el proceso electoral, sin descartar el día de la elección, imperó la guerra sucia, las calumnias, difamaciones, intimidación, manipulación, amenazas y compra de votos. A pesar de la intervención de los gobiernos en turno para favorecer a sus candidatos, la mayor sorpresa de esta elección fue que los ciudadanos salieron a votar para expresar en las urnas un rechazo contundente a un sistema que cada día se vuelve más abusivo, corrupto e indiferente ante las necesidades de la mayoría de los mexicanos.

Agustín Basave, describió muy bien el sentimiento que predomina en el país al afirmar que hay mal humor social porque hay mal gobierno. Prueba de ello es que, contra toda amenaza en muchos estados, la gente salió a votar para castigar a los gobiernos locales en turno. Las expresiones de enojo, hartazgo, frustración y desencanto se extienden a todos los niveles.

En un país donde la pobreza ha aumentado en más de 2 millones en los últimos meses y en donde los mexicanos trabajan prácticamente la mitad del año para el gobierno (por la cantidad acumulada de impuestos que pagan), no se justifica sostener una partidocracia que cada día es más cara, menos efectiva y más opaca.

A pesar de un esfuerzo ciudadano extraordinario en el que más de 600,000 personas firmaron para que el Congreso aprobara la Ley 3de3 que obliga a los funcionarios públicos a hacer su declaración fiscal, patrimonial y de intereses, la mayoría de los legisladores se han opuesto a esta medida.

Se estima que estas elecciones costaron más de 8,520 millones de pesos, el doble de lo que se gastó en el 2010. No obstante, los candidatos no cumplieron con la obligación legal de rendir cuentas. En pocas palabras, la mayoría de los candidatos buscan el voto, y una vez ganado, le dan la espalda a los ciudadanos. De ahí que la elección haya desafiado cualquier pronóstico, pues el castigo a los gobiernos en turno fue contundente. Continuará…

Twitter: @armando_regil

Publicado en El Economista