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February 23, 2017

Banxico tras las rejas

Por Fernanda Cota

 

La semana pasada el Senador Pancho Búrquez presentó una reforma a la Ley de Banco de México. Esta reforma blinda el mandato único del Banco de México: mantener la estabilidad de la moneda, es decir, no generar inflación. Para ello, la reforma establece topes a la inflación y sanciones en caso de que la inflación los supere.

Estas sanciones van desde la destitución hasta la inhabilitación y prisión al gobernador y subgobernadores. Esto último, en el caso extremo de que la inflación superase el 8 por ciento anual.

La propuesta surge de la preocupación que generan las presiones inflacionarias y el descuido del Banco de México por contenerlas. En enero se registró la inflación quincenal más alta en los últimos 18 años y la inflación de los precios que enfrentan los productores se acercará a los 2 dígitos. Mientras tanto, la depreciación mantiene al tipo de cambio por encima de los 20 pesos por dólar y ya existe una resignación generalizada en que no volverá a bajar de ahí.

Es cierto que todo esto es fruto de fenómenos en los que Banxico no tiene incidencia, tales como la enorme deuda que el gobierno federal acumula y continúa acumulando, y la presidencia de Trump. Pero ante estos problemas Banxico no puede ser convidado de piedra. No es su papel el de un espectador pasivo ante la degradación de nuestra moneda. Su misión, su mandato legal, es evitarlo y cuenta con la herramienta para hacerlo.

Sin embargo, el uso que el Banco de México ha dado a esta herramienta -la subida de la tasa de referencia- ha sido tímida. Hoy la tasa está en 6.25%. Algunos apuntan que no hay más margen ¿Seguro? Brasil la acaba de fijar en 12.25%, prácticamente el doble. Y ya ni hablemos de Argentina donde es cuatro veces más alta: 24.75%. No se trata de llegar a esos niveles, pero ciertamente hay margen para contener las presiones inflacionarias. No hace tanto tiempo (2008) nosotros mismos tuvimos tasas superiores a 8%.

¿Por qué no aprovecha Banco de México ese margen? Se le acusa de tener en mente otras consideraciones: la deuda pública, la baja competitividad y el crecimiento económico. Pero ese no es papel de nuestra banca central. No puede Banxico sacarle las castañas al fuego al gobierno. Debe actuar con autonomía y dejar que sea el Gobierno Federal quien se preocupe de contener y reducir su deuda y de eliminar las trabas que hoy frenan el crecimiento.

La verdad es que incluso en tiempos de estabilidad resultó evidente que Banxico tenía en mente otras consideraciones. En teoría, tiene una meta de inflación de 3% con un margen de error que va de 2% a 4%. Sin embargo, en los últimos 25 años solo en ocho se logró la meta y solo en uno la inflación fue igual o inferior a 3%. Todo esto, por supuesto, se queda corto ante las expectativas inflacionarias para 2017 que ya los expertos sitúan por encima del 5% e incluso del 7%.

No hay excusa para que Banxico mantenga una política monetaria laxa. Todas las alarmas están prendidas: la acelerada depreciación del peso (apenas hace 11 meses el tipo de cambio era de 17.5 pesos por dólar), el incremento en los precios del productor, el aumento sin frenos en el circulante… es momento de ponerle freno.

Con la inflación no se juega y más vale prevenir que lamentar. Cuando se pierde el control es muy fácil caer en una espiral inflacionaria que nadie había previsto. En México lo sabemos muy bien. No queremos ver una vez más como las malas políticas monetarias destruyen los ahorros y los salarios de las familias.

Hoy vemos que la única manera de que Banxico haga esto es imponiendo mecanismos que lo obliguen a cumplir su mandato. Establecer sanciones a los miembros de la Junta de Gobierno es un acicate para que la estabilidad del peso esté en el centro de sus consideraciones.

 

Fernando Cota es el Coordinador General de la Oficina del Senador Búrquez